El efecto Hawthorne y tú

Todos lo hacemos. Cuando sabemos que nos están observando, adoptamos nuestro mejor comportamiento. Hacemos las cosas lo mejor posible e incluso tomamos mejores decisiones. Después, cuando pensamos que ya nadie puede vernos, nos relajamos y, muchas veces, tomamos decisiones distintas.

hawthorne_effectEste efecto, en el cual actuamos “mejor” cuando creemos que nos están mirando, se llama efecto Hawthorne, y tiene un poder sorprendente.

Es muy fácil encontrar ejemplos en nuestro día a día. Si salimos con gente a la que conocemos poco y estamos intentando impresionarles positivamente, nos centramos en hacerles ver lo mejor de nosotros mismos. Nos vestimos bien, intentamos ser buenos conversadores y tratamos de mostrarles las mejores facetas de nuestro carácter. Por el contrario, si estamos solos en casa viendo la televisión, nos ponemos nuestra ropa más vieja (pero confortable) y nos tumbamos en el sofá sin molestarnos siquiera en cepillarnos el pelo.

Llevemos esto un poco más lejos. Digamos que vamos a comprar con un amigo que nos está observando mientras decidimos si vamos a comprar o no. Simplemente observándonos, ese amigo tiene un efecto en nuestra decisión final.

Yo lo compruebo en mi propia vida. Cuando voy a comprar con alguien que es conservador financieramente hablando, tengo una mayor tendencia a no comprar. Sin embargo, si me acompaña una persona que suele gastar mucho, me siento más impulsada a comprar. El observador no tiene por qué participar activamente en la compra para que esto ocurra – basta con que esté ahí para afectar mi decisión.

En resumen, intento tener mi “mejor comportamiento” a ojos de quien me observa. Ese “mejor comportamiento”, no obstante, cambia según quién es el observador.

A muchos os parecerá una idea ridícula a simple vista, pero imaginaros en situaciones de vuestra vida y en cómo vuestras acciones y elecciones cambiaron dependiendo de quién estaba presente y quién no.

Para mí, la parte más llamativa del efecto Hawthorne es cómo podemos usarlo para reforzar nuestros comportamientos positivos. Simplemente eligiendo rodearnos de personas que refuercen los comportamientos que queremos tener.

Por ejemplo, si voy a ir con un amigo a comprar regalos de Navidad intentando comparar precios y distintos regalos, sería mucho mejor elegir a uno que fuera conservador financieramente. ¿Por qué? Porque su presencia me animará a buscar el valor de los regalos que compro en lugar de ir a por los más vistosos, mientras que otros amigos, con su presencia, me impulsarían a comprar el regalo más «alucinante» sin haberlo pensado bien.

Si estoy tratando de dejar de ser una bebedora social, es mejor que salga con amigos que no beban. Una vez más, solo con el poder de su observación, es mucho más fácil que yo tome la decisión correcta. Por supuesto, lo contrario también ocurre – si me gusta beber socialmente, lo más seguro es que escoja amigos a los que también les guste.

Si quiero destacar en mi trabajo y convertirme en un «ganador«, debería intentar trabajar en proyectos en los que esté involucrada la gente más productiva, en lugar de la gente que se limita a sentarse y protestar. Y al contrario, si solo me interesa hacer lo mínimo, debería buscar la compañía de aquellas personas que están en esa misma línea.

¿Qué tipo de persona quieres llegar a ser? Es mucho más sencillo encontrar el camino correcto si te rodeas de personas que persiguen tus mismos objetivos. Solo con su presencia harán que quieras complacerlos de forma instintiva, y por lo tanto tomarás decisiones que te llevarán hacia tus metas. El efecto Hawthorne funciona de verdad.

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