El reto – y las ventajas – de la vida frugal

Hace unos días leí un artículo en el que se defendía una reducción de gastos al mínimo – alejarse del consumismo todo lo humanamente posible, renunciando a cualquier gasto opcional y, esencialmente, hacer tabla rasa y empezar de cero.

Mucha gente reacciona negativamente ante semejante idea, lo cual no es sorprendente. He visto comentarios tales como: «No sé si me sería posible renunciar a la televisión de pago y a salir por ahí a bares, restaurantes, etc., a la vez».

En esta sociedad moderna la mayoría de nosotros funcionamos asumiendo que no es posible renunciar a ciertas formas de gasto no esenciales. En otras palabras, si renuncias a ciertos lujos la vida deja de ser agradable, así que esos lujos acabaron pareciéndonos esenciales.

Por supuesto, yo no defiendo una vida tan frugal que te lleve a renunciar a todas las cosas que te gustan. Mi visión es algo distinta. Yo creo que hay ciertas rutinas que consideramos esenciales y que en realidad no disfrutamos tanto como pensamos.

Por ejemplo, comer fuera. Mucha gente lo hace porque piensa que es más rápido y conveniente que comer en casa. Se limitan a conducir hasta el restaurante, sentarse, pedir, charlar con la gente que les acompaña, comer, pagar y, después, irse a casa. Fácil y sin complicaciones.

Pero cuando empiezas a sumar el tiempo que puedes invertir en ello, la cosa ya no parece tan divertida. Pongamos que te lleva quince minutos conducir (y aparcar) hasta un restaurante que te guste. Otros cinco o diez minutos para pedir. Diez o quince minutos hasta que te traigan la comida y media hora o más para comer. Otros cinco o diez minutos de espera hasta que te traen la cuenta, la pagas y te vas. Y otros quince minutos hasta que llegas a casa. Eso es más o menos una hora y media sólo para comer.

Si estoy en casa, puede improvisar una comida en quince minutos. Luego tardo unos veinte minutos en comer y cinco o diez en recoger. El total es de unos tres cuartos de hora – y por supuesto, puedes tomarte más tiempo si quieres preparar algo exquisito. Incluso así, no emplearás tanto tiempo como el que hay que invertir para comer fuera.

Tomando en consideración que el coste de comer fuera es mucho mayor y que el nivel de calidad de la comida es comparable a la que preparas en casa, estás pagando un plus por comer fuera.

Así que este es un gasto que se puede reducir o eliminar. Personalmente, en lugar de salir comer fuera varias veces a la semana, comemos fuera cuatro o cinco veces al mes – y sólo lo hacemos cuando tenemos previsto volver a casa bastante tarde.

¿Lo echo de menos? No, la verdad. No he renunciado a la parte que realmente me gustaba, que era comer con mi familia. Una vez que le di una oportunidad a la idea de no comer fuera constantemente, empecé a cocinar mucho más en casa – y a hacerlo mejor. A día de hoy, puedo preparar una comida sabrosa bastante rápido, y la calidad de la comida es excelente. Además, terminamos de comer por lo menos una hora antes que cuando comemos fuera, así que tenemos más tiempo para hacer otras cosas.

rio_bifurcacion¿A dónde quiero llegar? Nuestras vidas son como un río. Llevan un curso modelado por prioridades y suposiciones que nosotros mismos marcamos. Si empezamos a cambiar esas suposiciones, aunque sólo sea un poco, a veces el agua intentará volver a su antiguo cauce, pero la mayoría de las veces simplemente se adaptará a la nueva dirección y puede que descubras que todo fluye más serenamente de este otro modo.

He aquí otro ejemplo: las librerías. Me encantaba comprar libros. Iba a alguna librería por lo menos una vez a la semana a echar un vistazo, y no era raro que saliera de ella con uno o dos libros bajo el brazo.

En aquel momento me parecía la cosa más normal del mundo, y además me gustaba. No podía imaginar mi vida sin tener siempre a mano un libro nuevo para leer. Cuando mis finanzas tocaron fondo, ni siquiera era capaz de imaginarme eliminando este «hábito».

Había leído en muchas listas de trucos financieros que lo ideal era sustituir la librería por la biblioteca, pero aún así yo no lo veía claro. Me imaginaba la biblioteca como un lugar aburrido y lleno de polvo, y pensaba que lo odiaría. Así que me obligué a probar sólo porque estaba dispuesta a intentar cualquier cosa.

Sorprendentemente, salí de la biblioteca con dos libros que realmente quería leer… ¡gratis!

Y así fue como cambió el cauce del río para mí. Empecé a usar la biblioteca todo el tiempo y gradualmente mis visitas a la librería disminuyeron. Hoy en día sólo comprar uno o dos libros al mes como máximo.

¿Cuál fue el resultado? No renuncié a lo que me gustaba, que era leer libros. Sigo teniendo siempre a mano un buen montón de libros nuevos para leer. A lo que he renunciado es a gastarme en ellos un montón de dinero, lo cual fue un gran alivio.

Para mí, las ventajas de la vida frugal no pasan por renunciar a las cosas que amo, sino por entender en qué consiste realmente lo que no gusta hacer y buscar fórmulas para seguir disfrutando de esas pasiones gastando menos dinero. Cuando la gente dice cosas como «no podría renunciar a la televisión de pago», ¿por qué lo dicen? ¿Les preocupa no poder ver algún programa en concreto? ¿O lo que no quieren es renunciar a pasar una tarde con su pareja acurrucados en el sofá viendo algo que les guste a los dos?

Si lo que realmente echarían de menos es esto último, ¿por qué no renunciar a la televisión de pago y probar con las opciones que ofrece Internet, o con el alquiler? De esa forma, mantendrían la experiencia que realmente les gusta – ver televisión confortablemente en su casa – sin el inconveniente de tener que pagar la factura cada mes.

Por otra parte, puedes encontrarte con que estas gastando dinero en cosas por las que tú crees que debes preocuparte (básicamente porque los demás lo hacen), pero en tu interior puede que realmente no te preocupen. Elimina esos comportamientos de tu vida. Hacer cosas que en realidad no te gustan para conseguir la aprobación de los demás sólo lleva a la infelicidad y, de paso, a una cuenta bancaria vacía.

Suprime lo que no sea esencial. Si renuncias a algo que realmente echas de menos y no puedes reemplazar, retómalo de nuevo. Lo que intentamos es descubrir qué es lo que valoras realmente (cosas en las que está bien que emplees tu dinero) y lo que no. A menudo hay montones de áreas grises en nuestras vidas entre estos dos grupos – y esas áreas grises son dinero que pierdes sin conseguir nada a cambio.

Si te ha gustado este artículo y hablas inglés, puedes leer muchos más en thesimpledollar.com.

4 Responses to “El reto – y las ventajas – de la vida frugal”

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