Hoy me pasé por la sección de electrónica a comprar unos nuevos cascos con micrófono. No tenía intención de comprar nada más, pero tras media hora mirando me encontré con que tenía en la cesta casi 200 € de compra. Había caído en una vieja trampa: estaba a punto de comprar por impulso.
En su día, fui la reina de la compra por impulso. Si entraba en una tienda, siempre salía con más de lo que tenía pensado comprar. Si decidía que quería (necesitaba) tener algo, salía a comprarlo. Y por supuesto muchas veces se lo cargaba a la tarjeta de crédito. Quería tener mi compra ya, y no me preocupaba por las facturas que llegarían en el futuro. Ya encontraría alguna forma de pagarlas.
Creía que podía gastar tanto como me permitiera el crédito. No me limitaba cuánto dinero tenía en el banco -mi único límite era el de la tarjeta. De hecho, una vez llamé solicitando ¡un aumento en mi límite de crédito! Y el banco me lo dio, y yo pude comprar incluso más a crédito.
Sabía que mis gastos estaban fuera de control, pero no sabía cómo parar. Debería haberme aplicado las siguientes estrategias:
Evita la publicidad: ten cuidado con el insidioso poder del marketing. Mantente lejos de situaciones que te expongan a la publicidad. No eres inmune. Todos estamos siendo sutilmente manipulados en formas que no podemos ni imaginar.
Evita la tentación: la mejor manera de evitar el impulso de comprar es simplemente evitar situaciones que te puedan tentar. Si hoy hubiera pasado por delante del supermercado sin entrar no se me hubiera ocurrido que necesitaba unos cascos nuevos.
Ejercita la prudencia. Pregúntate a ti mismo: “¿Realmente necesitas esto? ¿Por qué lo necesito ahora y no la semana que viene?” Intenta descubrir cuál es tu motivación para hacer la compra, y trata de encontrar otras formas de saciar esa necesidad.
Piensa en objetivos mayores. Es como estar haciendo dieta y tener la tentación de comer algo con muchas calorías. Tienes que preguntarte: “¿Esto para ayudarme o perjudicarme?” Y esa misma pregunta te la puedes hacer cuando vayas a caer en la compra por impulso. ¿Ese nuevo juguete que acabo de comprar me acerca a alguno de mis objetivos o me aleja?
Utiliza la regla de los 30 días. Cuando sientas la necesidad de derrochar, detente. Coloca el artículo de nuevo en su sitio. Vete a casa. Apunta el nombre de lo que querías comprar, su precio y la tienda en la que lo viste, y coloca esa nota en algún sitio bien visible. Si al cabo de un mes sigues queriendo comprarlo, hazlo.
Ponte impuestos a ti mismo por cada compra por impulso. Aparta el 10% de lo que has gastado y ahórralo. Este simple acto te hará más consciente de tus hábitos de compra. Además puedes combinar esto con la regla de los 30 días.
¡Paga en metálico! Es engañosamente fácil gastar si usas tarjeta de débito, no digamos ya si es de crédito. Cuando llevaba siempre conmigo mi tarjeta, derrochaba todo el tiempo. No eres consciente de cuánto estás gastando de la misma forma que cuando pagas en metálico.
Afortunadamente he aprendido a controlarme.
Hoy me puse en la cola de la caja, miré todo lo que llevaba y me di cuenta de lo que estaba haciendo. Volví a colocar los paquetes en su sitio y me marché. No necesito comprarme unos cascos por impulso, es mucho mejor que me tome mi tiempo para comparar los distintos productos.
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